domingo, 25 de octubre de 2009

La unidad de los cristianos no es una utopía


El Vaticano ha demostrado al mundo que la unidad de los cristianos no es una utopía. Se trata de una realidad que con pasos lentos, pero seguros, se va haciendo posible.

Lo confirma el anuncio de la publicación próxima de una Constitución Apostólica, en la que se responde a las peticiones que grupos anglicanos –clérigos y fieles– han dirigido a la Santa Sede, externando el deseo de entrar en comunión plena y visible con la Iglesia Católica.

Así lo comunicaron a la prensa el pasado martes 20 de octubre el cardenal William Joseph Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, y el arzobispo Joseph Augustine Di Noia, secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

Habrá que esperar el documento completo para conocer a fondo las condiciones y los pormenores de este paso. Pero también será interesante seguir de cerca las reacciones, cuestionamientos e inconformidades de los “francotiradores” que suelen tener a la Iglesia en la mira.

Este logro es sin duda alguna fruto del diálogo ecuménico y de la acción del Espíritu, que asiste a la cabeza de la Iglesia y a sus colaboradores en su búsqueda por dar solución a las necesidades de nuestro tiempo sin caer en el relativismo.

Cierto que esta muestra de apertura y disposición por parte de los grupos anglicanos implicados, y de la misma Iglesia Católica, no cicatriza por completo la ruptura iniciada por Enrique VIII, Rey de Inglaterra, en el siglo XVI. Quedan muchas tareas pendientes para el diálogo ecuménico, con ésta y con otras iglesias históricas, pero sí asistimos a un signo visible e importante de la unidad por la que rezamos constantemente todos los cristianos.

domingo, 18 de octubre de 2009

África: en el corazón de la Iglesia



La preocupación por los más pobres y desprotegidos no es un eslogan publicitario de la Iglesia Católica. Se trata de uno de los principios básicos que forman parte de su identidad desde sus orígenes.

Su misión de “anunciar el evangelio a todos los rincones de la tierra” incluye también el ponerse “al servicio de la humanidad, especialmente de aquella más sufriente y marginada”, como lo expresa el Papa Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones, celebrada hoy, 18 de octubre, en las Iglesias de todo el mundo.

Y nuevamente África se pone en la mira; ahí se encuentra una buena parte de esa humanidad que necesita ser servida y atendida. La cruda realidad salida a la luz en el Sínodo de los Obispos para África, que se desarrolla en estos días en el Vaticano, nuevamente enciende los focos rojos reclamando nuestra atención.

Los retos y las tareas en este continente son apremiantes. Y ciertamente la Iglesia no es la única responsable en buscar soluciones –se reconoce también la preocupación de instituciones políticas y no gubernamentales– pero sí es una de las primeras instituciones en dar respuestas concretas a través de sus estructuras y en la medida de sus posibilidades.

No basta el hablar y diseñar planes de acción a largo plazo; es necesario poner manos a la obra. África, azotada por la pobreza, el hambre, la enfermedad y los enfrentamientos sangrientos, sigue siendo un continente de misión; y los misioneros que ahí se encuentran no sólo se dedican a evangelizar y a transmitir un mensaje de esperanza; también se preocupan por atender las necesidades básicas de estos pueblos.

Mientras instituciones mundiales como la FAO –Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación, por sus siglas en inglés– se preocupan por disminuir el hambre para el año 2015, la Iglesia no solamente hace oración –que ya es bastante y muy efectiva– por tierras necesitadas como la africana, sino que además, en medio de la crisis económica mundial, los católicos colaboran económicamente en este día y aportan para causa.

Las palabras son efectivas, pero cuando se respaldan con hechos son otra cosa.

domingo, 11 de octubre de 2009

¿Más santos para la Iglesia Católica?

Ma ancora mancano i santi alla Chiesa Cattolica? Non bastano quelli tradizionali? Le canonizzazioni, come quella presieduta per il Papa Benedetto XVI questa mattina, ci offrono l'opportunità di avere negli altari santi contemporanei. Il loro contesto storico è vicino del nostro, e i problemi ai cui si affrontarono loro non sono lontani di quelli ai cui i cattolici di oggi fanno fronte ogni giorno.

El Papa Benedicto XVI proclamó cinco nuevos santos para la Iglesia Católica. La ceremonia de canonización tuvo lugar la mañana de hoy, 11 de octubre, en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.

¿Pero es que todavía le faltan santos a la Iglesia? ¿No bastan los santos tradicionales? ¿Qué sentido tienen en nuestro tiempo más canonizaciones? No son pocas las personas que me han hecho estas preguntas u otras similares. Su inquietud responde al cómo serán distribuidos en el calendario o a la inversión de tiempo y dinero de quien se dedica a dar seguimiento a las causas.

Dejando de lado argumentos teológicos y doctrinales, basta reflexionar que canonizaciones como ésta nos dan la oportunidad de ver en los altares a santos contemporáneos; se trata de personas cercanas a las circunstancias en las que los cristianos de nuestro tiempo desenvuelven su existencia, pues su contexto histórico está cercano del nuestro y los problemas a los que se enfrentaron ellos no están lejos de aquellos a los que el católico de hoy hace frente cada día.

El número parece alto. El Cardenal José Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación para la causa de los santos, en el año 2002 afirmaba que desde el año 1588 hasta el comienzo del pontificado de Juan Pablo II el número de Santos era de 296. Por su parte, según la página oficial del Vaticano el papa Juan Pablo II canonizó a 482, mientras que el día de hoy ha llegado a 28 el número de santos canonizados por el Papa Benedicto XVI.

Un buen número, cierto, y eso sin contar los elevados a los altares durante los siglos precedentes. Pero en realidad muy pocos si consideramos la santidad en su sentido auténtico: hacer realidad en nuestras circunstancias concretas la identificación con Jesucristo, y esto es un llamado para todos.
Es verdad que la Iglesia no puede contar la cantidad de santos en el cielo (por eso celebra la fiesta de todos los santos), pero al ofrecer a la veneración pública a personas de carne y hueso que han vivido la santidad en grado heroico, no sólo nos recuerda que tenemos intercesores en el cielo, sino que además nos anima a vivir de manera comprometida, como lo hicieron ellos, y como sin duda lo siguen haciendo “cristianos auténticos” alrededor del mundo entero.

Los recursos que invierte la Iglesia, humanos y materiales, están orientados a cumplir con su misión, siempre en favor de los hombres.