miércoles, 1 de febrero de 2012

La información política en exceso también indigesta


Oficialmente no han iniciado las campañas electorales y la política ya acaparó la atención de los medios de comunicación.
Las divisiones al interno de los partidos, las discrepancias entre los precandidatos y sus propuestas para dar solución a los grandes problemas de la Nación han saturado los espacios informativos y publicitarios.
Si la abundante información nacional dificulta que los ciudadanos digieran los discursos y promesas de los posibles candidatos, el riesgo de una indigestión es mayor para los jaliscienses de nuestra diócesis, quienes además están expuestos al bombardeo de las precampañas para la contienda estatal y las municipales.

El asunto es ganar simpatizantes
Los precandidatos y sus asesores se han esforzado para posicionarse como la mejor opción. Tocan temas sensibles para la población, evidencian errores de sus contrincantes y algunos han caído en atrevimientos que confunden. En Vallarta, por ejemplo, uno de ellos se dio a la tarea de elaborar calendarios con imágenes religiosas para distribuirlos a la salida de los templos más concurridos de la ciudad, haciéndose pasar como el político autorizado por la Iglesia Católica.

Análisis ante tanta información
La situación pronostica una batalla fatigosa y pone en riesgo la participación de la ciudadanía en las próximas elecciones.
Pero el mexicano católico no ha de ser víctima del enfado, el desencanto o la indiferencia que puede generar la información en exceso y con tanto desorden.
El católico ha de distinguirse en el escenario político por su compromiso activo y responsable, por eso ha de analizar con atención los principios de los partidos y la palabrería de sus representantes, para que a su tiempo vote a conciencia por el mejor y elija a quien fundamente sus compromisos en la centralidad y la dignidad de la persona y en el bien común.

La Iglesia en la mira
Como en otras ocasiones, la Iglesia es vigilada en su postura. Preocupa a muchos su “intromisión” en la vida pública, cuidan los mensajes de las autoridades eclesiásticas y exageran en interpretar acontecimientos en clave política. Basta recordar las elucubraciones de los analistas en torno a la visita pastoral del Papa a México o el escándalo que desató la reforma –todavía incompleta­– del artículo constitucional en materia de libertad religiosa.
Es cierto que la Iglesia de México quisiera gozar de plena libertad en todos los sectores donde desarrolla su misión pastoral y social. Pero de ahí a que pida privilegios o quiera ocupar ámbitos que no le son propios hay mucha distancia.“La Iglesia y la comunidad política están y deben sentirse, aunque por diverso título, al servicio de la vocación personal y social de los mismos hombres” (Benedicto XVI, 10 de julio 2009).

Publicado en La Senda, Edición de febrero 2012

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