martes, 5 de agosto de 2014

Lázaro, un anuncio de la resurrección


La resurrección de Lázaro es el milagro más importante realizado por Jesús en su vida terrena. Milagro que ratifica a Jesús como la Resurrección y la Vida, provocando que muchos judíos creyeran en Él y desatando la ira de la máxima autoridad de ese pueblo, quienes empezaron a confabular en su contra hasta el grado de darle muerte en la cruz.

TRANQUILIDAD ANTE EL SUFRIMIENTO
Lázaro era un judío que vivía en un poblado llamado Betania. Se encontraba muy cerca de Jerusalén. Era hermano de Marta y María. Los tres, amigos muy queridos por Jesús.
Al parecer Lázaro no gozaba de buena salud. Y cuando sus hermanas se percataron de la gravedad de su estado comunicaron la noticia a Jesús, con la esperanza de que pronto acudiera en su auxilio.
Jesús, en cambio, toma la noticia con calma. No se altera ni se angustia, sino que continúa tranquilamente haciendo el bien en el lugar donde se encuentra.

LA DECISIÓN DE ENFRENTARSE CON LA MUERTE
Cuando Jesús creyó conveniente tomó la decisión de visitar a su amigo enfermo. Y los discípulos, conociendo la cercanía de Betania con Jerusalén, trataron de persuadirlo. Sabían que las autoridades judías habían atentado contra Jesús en más de una ocasión, y ahora temían por su vida.
Pero había llegado la hora. La hora de manifestarse como Señor de la Vida y de ofrecer la propia vida como rescate por muchos.
En efecto, la partida hacia Betania es al mismo tiempo la marcha hacia la pasión.

“YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA”
Cuando Jesús llega a su destino se encuentra con las hermanas del difunto, quienes en cierta manera reclaman su tardanza. Pero Jesús, seguro de sí mismo, también reclama su falta de fe.
La situación se torna crítica. Lázaro no sólo ha muerto, sino que lleva cuatro días en el sepulcro. Y es que según la concepción judía el alma de un difunto regresa durante los tres primeros días a la tumba, contando con un reencuentro con el cuerpo muerto para separarse después definitivamente. Lo cual quiere decir que para Lázaro ya no había esperanza alguna.
Sin embargo, para Jesús las cosas son distintas. Si bien se estremece y llora por la muerte de su amigo, es más grande su confianza en su Padre Dios.

Y SUCEDE EL MILAGRO
Después de agradecer a su Padre, porque siempre lo escucha, Jesús indica que retiren la piedra que tapaba el sepulcro, ordena a Lázaro que salga de la tumba y pide a los asistentes que le quiten las vendas que cubrían su cuerpo sin vida.
Y sucede el milagro. Lázaro vuelve a la vida. Los presente atónitos creen en Jesús. Y las autoridades temerosas comienzan a planear su muerte.

EL CAMINO A LA VIDA QUE NO SE ACABA
La resurrección de Lázaro es la más alta e insuperable de todas las “señales”. Aquí no se trata de la curación de un enfermo, sino de la resurrección de un muerto que lleva cuatro días en la tumba. Es la “señal” que apunta al propio Jesús como la resurrección y la vida.
El milagro pone de manifiesto que el camino de Jesús no es un camino hacia la muerte, sino un camino que, a través de la muerte, conduce a la glorificación, a la resurrección, a la vida.

Jesús es el vencedor de la muerte. Jesús en persona es la resurrección y la vida. Y lo sigue siendo para todos aquellos que a pesar del sufrimiento, de la enfermedad y de la muerte ponen su confianza en Él.
Publicado en Vallarta Opina, Julio 21 2014

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