lunes, 4 de agosto de 2014

San José, un modelo de silencio en un mundo de mucho ruido


San José habla más con sus obras que con sus palabras.
Las principales fuentes de información sobre la vida de san José son los primeros capítulos de los evangelios de Mateo y Lucas, quienes lo presentan como un judío descendiente del rey David.
Carpintero de oficio, estaba comprometido con una joven llamada María, elegida para que en su seno virginal se encarnara el mismísimo Hijo de Dios.

Prudencia ante la duda y la sospecha
Previo al matrimonio, José se entera de que su prometida estaba encinta y decide dejarla en secreto.
Dada la cultura y la época de este personaje bíblico, José tenía todo el derecho de delatar a su mujer y de acusarla por infidelidad y adulterio, sin embargo, como se trata de un hombre justo, su primera decisión fue dejarla en secreto, no como un acto de cobardía, sino como un acto de amor, pues al abandonar a María en ese estado, José descargaría sobre sí mismo la culpa y la responsabilidad.
Pero José es un hombre que sabe escuchar a Dios. Si bien su primera reacción fue abandonar a su futura esposa, la oración y el discernimiento le sirven para tomar consciencia de que los planes de Dios son distintos, y hace a un lado sus proyectos personales para colaborar con el proyecto de Dios.

Una vida de dolor y de alegría
Desde su unión matrimonial con María, José supo tejer su vida con los hilos del dolor y la alegría.
En Belén sufrió la carencia de hospedaje y vio nacer a Jesús en la pobreza de un establo. Al poco tiempo se dirigió a Egipto, junto con su familia, para salvar al niño de la matanza que el tirano Herodes había ordenado contra los menores de dos años de edad. Y después, a su regreso a tierra santa, en uno de sus viajes a Jerusalén experimentó la angustia cuando el niño Jesús, a los 12 años, se perdió y fue encontrado en el Templo.
José está junto a María en los momentos serenos de la vida y en las situaciones difíciles: en el viaje a Belén para el censo y en el momento del parto; en el drama de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo de Jerusalén; y, por supuesto, en la vida cotidiana de Nazaret, en el taller donde seguramente le enseñó a Jesús el mismo oficio.
Tanto José, como María, sabe mucho, pero no lo sabe todo. También ellos deben hacer su peregrinación en la fe, que tiene mucho de luz, pero también algo de oscuridad. Así es la vida; no todo es gozo, no todo es luz. También hay algo de dificultad y un poco de sombras.

Las virtudes de José
José es un hombre justo, discreto y obediente; fiel, trabajador y prudente. Por eso se ha convertido en el mejor modelo de esposo y padre y en el fiel custodio de la Iglesia Universal.
José es el varón justo, el carpintero, el padre de Jesús. No nos dejó ninguna palabra, pero con su silencio nos regaló el ejemplo de un hombre valiente, trabajador honrado, esposo fiel, padre amoroso y sabio educador.

Excelente modelo de paternidad
Si bien José no engendró a Jesús, sí supo cómo ejercer su paternidad. Y es que para los judíos el verdadero responsable de la formación y educación de los hijos era el varón, el padre. Por eso, si posteriormente vemos a un Jesús valiente, fiel, misericordioso, espiritual y capaz de amar hasta dar la vida, podemos estar seguros de que lo aprendió de José; a él debemos tan grande enseñanza.

Va por tanto un llamado a los padres de familia: como José, respeten y amen a su esposa, y guíen a sus hijos con amor y responsabilidad.
Publicado en Vallarta Opina, Marzo 18 2014.

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